Enseñar con textos e imágenes. Una de las aportaciones de Juan Amós Comenio.

 El artículo deja una importante enseñanza como lo es el mundo en imágenes que da respuesta a algunas de las críticas que los educadores venían planteando desde el Renacimiento en torno a la escuela, cuyo preocupación nodal era la renovación de esta institución, atravesada por el ya inaceptable formalismo escolástico, de acuerdo con las nuevas exigencias que planteaba el signo de los tiempos. 

De tal modo, una de las búsquedas de los educadores de la época se dirige a idear subsidios para la memoria, que agilicen los procesos de enseñanza: figuras dibujadas, símbolos algebraicos, cifras y caracteres, lenguajes de diversos tipos, son algunas de las propuestas que, al referirse al desarrollo de la memoria artificial –eficaz apoyo para la memoria dada por la naturaleza a cada ser humano-, se inscriben en el programa renovador de la escuela, con el propósito de almacenar debidamente la información pertinente y no saturarla innecesariamente. “La imaginación y la memoria, repletas de cosas sensibles, no captan ni retienen con igual facilidad todas las cosas. Deben, pues, ser ayudadas” (Comenio, 1992. p. 253).

Particularmente novedosa, resulta la propuesta de emplear las imágenes con fines didácticos, que es el caso de este libro. La Sabiduría hizo adornar las paredes interiores y exteriores, inferiores y superiores, con excelentes pinturas que en admirable orden representan todas las ciencias. En el laboratorio de historia natural, las paredes están pintadas con ilustraciones de los fenómenos allí estudiados, con representaciones de animales, peces, piedras preciosas, etc... 

Resulta interesante destacar, respecto a los contenidos que plantea esta obra, y ésta sería la cualidad de su orientación enciclopédica en comparación con otras búsquedas y propuestas totalizadoras de distintos pensadores hechas en tiempos y espacios también diversos, que sus fundamentos también proceden del movimiento pedagógico conocido como realismo, cuya intención es poner en contacto al alumno con la realidad que lo circunda, con las cosas mismas, no sólo con las “palabras” y con lo que otros escribieran sobre ella. Es decir, subyace la intención de prepararlo para la vida terrenal y no sólo para la promesa de salvación que planteara el cristianismo. El mismo Comenio argumenta en esta dirección, pues después de dilucidar sobre el fin ultraterrenal de la vida humana, asume la necesidad de prepararlo de la mejor manera para ésta, es decir, la intervención del maestro, se dirige a orientar al alumno para que logre unir el signo visual con el auditivo. 

Dignificación de la imagen del maestro.


La dignificación de la imagen social del maestro se construye también a partir de un amplio programa de profesionalización de su trabajo, que lo dota de la formación requerida y contribuye a darle solidez a través del estudio y la preparación de sus actividades: a la improvisación que prevalecía al respecto, ahora se antepone la dedicación a tareas de esta naturaleza. A él corresponde el dominio de la situación educativa con una actitud atenta, vigilante, afectuosa y amable, ejemplar. Todo ello dará como resultado la identificación con el oficio de maestro, y por el oficio de maestro, una nueva percepción social de la imagen del maestro y de la manera en que concibe su trabajo.

La novedad del alfabeto onomatopéyico.

El mundo en imágenes introduce una novedad para aprender a leer: un alfabeto de letras que el autor llama en unas ocasiones “alfabeto simbólico” y en otras, “alfabeto vivo”. Este recurso dispone la pronunciación de las letras en torno a onomatopeyas animales, “en donde cada letra va relacionada con la voz de un animal, y esa voz es imitada por la letra”(Comenio, 1993. p.73). Éstos se plantean como alternativa a los silabarios en uso, para fijar las letras en la memoria.




Valoración de los saberes artesanales.

La observación y reconocimiento de la actividad de los artesanos para transformar su material de trabajo hace, además, que Juan Amós vea las escuelas como “talleres de hombres”, proponiendo ese modelo formativo: Los artesanos no entretienen con teorías a los que aprenden su arte, sino que los dedican al trabajo para que fabricando aprendan a fabricar; esculpiendo, a esculpir; pintando, a pintar; saltando, a saltar; etc. Luego también en las escuelas deben aprender a escribir, escribiendo; a hablar, hablando; a cantar, cantando; a razonar, razonando, etc.


Persistencia en la concepción geocéntrica.


El heliocentrismo constituía un peligro para el mundo cristiano en general; católicos y disidentes lo rechazaron por igual y lo condenaron a través de sus respectivas instancias, en tanto que las explicaciones de Ptolomeo se mantuvieron alrededor de quince siglos: resultaban compatibles con los dogmas referentes a la perfección del hombre, centro de la creación; a la vez, la tierra constituía el centro del universo.




Plantas y animales. 

En buena medida, el trabajo de los naturalistas de los siglos XVI y XVII consistió en recuperar lo que al respecto habían hecho los griegos, con el propósito de reanudar este tipo de estudios. Su principal fuente griega fue Plinio, cuya enciclopedia de historia natural aborda la totalidad de conocimientos y creencias de la época; menciona desde la creación del universo, la tierra, el hombre, animales, plantas, metales, oficios, hasta llegar a las artes liberales. Suele mezclar lo real y lo fantástico, como en el caso del unicornio, que también Comenio incluye en el capítulo XXVIII “Ganado Montés" 
 

El cuerpo humano.

El impacto de De humani corporis fabrica (1543), del belga Andrea Vesalio, en los círculos de estudiosos europeos, había sido muy fuerte; en él concentró sus vivencias infantiles –pues vivió en Bruselas “cerca de las murallas de la ciudad, sitio en el cual, desde niño, vio con frecuencia los cuerpos de los criminales torturados y ejecutados que permanecían colgados hasta que las aves de rapiña dejaban los huesos desnudos” (Garzón y Rincón, 1999. p. 85)– así como su rica experiencia como médico y como cirujano. El mayor acierto de esta obra fueron las láminas que introdujo para la explicación de la anatomía. 



 El estudio como práctica derivada de la cultura escrita.



El estudio es el lugar donde el estudioso, separado de los demás, se sienta en soledad entregado a su afición; lee libros, que abre frente a sí en un atril, y de ellos va tomando en su libreta lo mejor o en ellos hace anotaciones, sea subrayando o al margen con un asterisco.
La cultura escrita, en ese entonces, modificaría tanto la forma de ver el mundo y de desplazarse en él, como ahora lo hace la nueva cultura cibernética.





Finalmente, el breve recorrido a través de las tradiciones y legados, que subyacen en el empleo de las imágenes con fines didácticos, muestra que estas prácticas subsidiarias de la vida diaria de nuestras escuelas desde el umbral de la modernidad, no son casuales ni gratuitas ni coyunturales; son prácticas culturales que se construyen a lo largo del tiempo y que tienen muchas implicaciones.
Esto nos lleva a hacer un alto en el camino para indagar los sentidos con los hemos ido dotando a las sociedades de otros tiempos y otras latitudes. 

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